FUIMOS Y SOBREVIVIMOS: NUESTRA AVENTURA HACIA MIRADOR LAS TORRES

Por Andrea R., de @viajar_a_duo | Abr. 10, 2018 | Blog | Diario de Viaje |

Parecía imposible. El cansancio inmovilizaba nuestras piernas, que debíamos alzar con la fuerza de nuestros brazos, para lograr subir a la siguiente roca. Aún faltaban 15 minutos de camino escarpado, en lo que ha sido el mayor esfuerzo físico que nos ha tocado enfrentar. Y, de pronto, comenzó a nevar…

Llovía. El reloj marcaba las 6:30 de la mañana y el día parecía no dar tregua. Como pocas veces ocurre, el pronóstico del tiempo parecía sumamente acertado. Volvimos a revisar nuestras pertenencias, para ver si algo estaba mojado. Pero nada. La carpa había sobrevivido dignamente al acoso del viento y el agua. Lentamente, nuestro cuerpo comenzó a desperezarse, y nuestra mente a funcionar. Ese día teníamos solo un objetivo… y ese era el Mirador Las Torres.

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Panorámica de un día lluvioso.

El trekking hacia la postal más famosa de Torres del Paine (también conocida como Base Torres) es de 8 horas en promedio: 4 de ida y 4 de regreso. Como nosotros debíamos volver a Puerto Natales en bus esa misma tarde (opción más barata), quisimos comenzar temprano. Y como el desayuno estaba programado a las 8 de la mañana con la opción fullboard que habíamos reservado en la página de Fantástico Sur, la idea parecía alcanzable. Fuimos a buscar nuestro almuerzo a la recepción y dejamos ahí mismo todo aquello que podría significar un peso extra, ya que contaban con una custodia sin costo.

¿Quieres saber exactamente qué es el fullboard? Lee ESTA entrada.

Llovía… Las bolsas que habíamos llevado para la basura recibieron un extreme make over y de pronto se convirtieron no solo en protectores de mochila, sino que también en capas improvisadas para cada uno. Estábamos decididos a no mojarnos. ¡Pobres ilusos!


HACIA REFUGIO EL CHILENO

Se avecinaba la primera etapa de la caminata, desde el Camping Central hacia Refugio El Chileno. Normalmente, este tramo dura dos horas, y es de dificultad media. Pese a que la lluvia no aminoraba, partimos a las 8:30 am a buen paso en un camino ascendente, concentrados en este primer objetivo. El paisaje gris tenía un encanto especial. Las liebres comenzaron a salir de sus escondrijos y a correr libres a nuestro lado. Ahí descubrimos que por muy impermeables que fueran nuestras parkas, no hay mucho que hacer cuando la lluvia fina se obsesiona con la tierra y con uno. Aún con una capa-bolsa encima. Pero la adrenalina estaba a tope y nuestro cuerpo estaba temperado por el ejercicio. Tanto así, que en una hora y media ya estábamos en el refugio.

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Refugio El Chileno

Este era muy diferente al Refugio Torre Central, donde habíamos comido anteriormente. Para empezar era mucho más pequeño y era de solo un ambiente, el comedor, el cual estaban limpiando ya que había terminado hacía poco el desayuno. A nosotros eso no nos importaba mucho, ya que solo queríamos abrigarnos para seguir nuestro camino. Pero tuvimos que esperar un tiempo para acercarnos al único fogón de leña que había en un rincón, debido a que tenían que limpiar toda esa zona. Compramos en el quiosquito que había ahí mismo el café instantáneo más caro de la historia, dado que no había otra opción, y comenzamos a tratar de averiguar con los guías que iban llegando si era posible continuar. Todos coincidieron que había que esperar un tiempo, para ver si se despejaba un poco, ya que, de lo contrario, no era seguro. Así que, apenas volvieron a colocar las mesas y sillas en su lugar, nos plantamos frente a la estufa con la esperanza de secarnos un poco en ese rato, al ritmo incesante de reggae que salía por los parlantes.

APARECE EL SOL

Luego de casi una hora, un rayo literal de esperanza cruzó los cielos y comenzó a despejar. Los guías comenzaron a juntar sus grupos, y nosotros a recoger nuestras pertenencias que teníamos repartidas en varias sillas a modo de colgador frente al fuego. Recargados de la energía mochilera del refugio, nos adentramos en lo que sería la segunda parte de este trekking, a través de un bosque tupido de lengas, también llamadas robles de Tierra del Fuego. La primera hora y cuarto de esta etapa no exigía mucho esfuerzo físico, ya que se trataba de seguir un sendero en terreno más bien plano, lo que permitía disfrutar del verde de la zona y del sonido del río que corría en paralelo y que cruzamos por pequeñas pasarelas de madera un par de veces.

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En medio del bosque de lengas.

Así fue como llegamos al cartel que daba la bienvenida a Torres del Paine, como indicándonos que venía lo más duro, la caminata de verdad. Serían unos treinta minutos de ascenso continuo, por irregulares “escaleras” de roquerío rodeado de bosque, donde la falta de ejercicio regular comenzó a hacerse notar. Pero no importaba. El buen clima nos tenía de buen ánimo. Así, llegamos hasta el Camping Las Torres, que es donde se quedan quienes quieren ver el amanecer en el mirador. Algunos comenzaron a almorzar, pero nosotros decidimos continuar. Y en eso, se comenzó a nublar.

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De a poco, el cielo comenzó a cubrirse nuevamente.

 


CAMINATA EXTREMA

Faltaba solo un kilómetro, pero venía lo más difícil. El paisaje de pronto cambió por completo y a nuestro alrededor solo había rocas de color gris, en un ascenso que parecía interminable.

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Vistas como esta hicieron más llevadero el camino… al menos por un tiempo.

La lluvia volvió a hacerse presente, esta vez acompañada del viento frío de montaña, haciéndonos imposible seguir con nuestra capa hecha de bolsa, ya que esta se elevaba al nivel de la cara dificultando la visibilidad. Así, desprovistos de nuestro protector improvisado, quedamos a merced de las gotas que se colaban en nuestra ropa, mientras con dificultad intentábamos subir las piernas para avanzar. Buscamos ánimo entre los viajeros que venían de regreso, pero parece que ese no era el día de nadie…

– Están tapadas y no se ve nada – era la frase más recurrente que nos decían, pese a que era la que menos queríamos escuchar.

A esas alturas ya nada importaba, solo queríamos llegar. Pero había un problema que no tenía previsto, y es que cada vez que nos deteníamos para descansar sentía que el frío se apoderaba de mí. Mi ropa estaba muy mojada y aún faltaban unos 15 minutos para la meta. Y, como si eso fuera poco, comenzó a nevar. Miré a mi esposo en busca de respuestas. Lo admito: si él me lo hubiera dicho, me habría devuelto. Pero su apoyo en ese momento fue inmenso.

– No nos queda nada – fueron sus palabras mágicas – lleguemos hasta el final.

Sacando fuerzas de flaqueza comencé a subir el último tramo, tratando de que el viento no me detuviera. De pronto, vimos dos figuras familiares: eran las dos chilenas que habíamos conocido el día anterior, que venían ya de regreso.

– Uy, pobrecitos… ¡se van a congelar arriba! – exclamaron al vernos.

“Not cool, honey. Not cool” – pensé, mientras sentía que mi nariz se congelaba. Un pisquito sour a esas alturas habría estado de perilla. En fin…

Faltaba solo una lomita. El último esfuerzo, el último respiro… El “¡Vamos!” de Massú resonaba con fuerza en mi mente… Y llegamos. Llegamos al famoso mirador. Allí estaba la laguna turquesa que por tanto tiempo habíamos soñado con conocer… y allí estaban las… las… ¿dónde estaban las Torres? Traté de sacarme algo de hielo del rostro, como si esa fuera la causa de la cruda realidad. Y es que era cierto: la densa niebla tapaba por completo cualquier atisbo de aquellas gigantes.

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Con este panorama nos encontramos.

Sentí por un momento una gran decepción. Pero, bueno, era parte del juego. Lo cierto es que en ese momento de verdad comencé a congelarme. Traté de colocarme los guantes, pero tenía las manos totalmente tullidas. Me volví hacia el Seba, quien se aprestaba a comer su sándwich de almuerzo, y le dije:

– We have to go back!

Bueno, no es que me creyera personaje de serie americana, pero aunque en realidad se lo dije en español, mi congelado cerebro por alguna extraña razón pensaba en inglés a esas alturas y sí le dije en ese idioma lo que sería mi motivación en el regreso:

– I’m not gonna die today!

Así que mi pobre esposo procedió a guardar su preciado sándwich, y, como todo un caballero, decidió acompañarme. La vuelta no fue nada de fácil: los caminos estaban resbaladizos por causa de la lluvia y al no tener bastones debíamos extremar las precauciones para no perder el equilibrio. No es que fuera peligroso, pero al andar sin esas herramientas debíamos bajar despacio, mientras que los que sí las llevaban avanzaban a una velocidad mucho mayor. Llevábamos como veinte minutos bajando, cuando de pronto nos cruzamos con otro conocido: el guía que nos había hecho el full day tour el día anterior, haciendo esta vez una excursión hacia el mirador con un grupo.

– ¡Hola, chicos! – Nos dijo alegre – ¿Vieron las Torres? En un rato se despeja por completo.

Creo que lo miré con cara de odio, pero qué iba a saber él de nuestra aventura. Nos despedimos rápidamente y seguimos nuestro camino.

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Con la capa-bolsa más top del mundo, a poco de llegar a Refugio El Chileno.

Una vez en el Camping Las Torres, Sebastián finalmente pudo comerse su sándwich y yo también pude recuperar algo de color. En la medida que fuimos llegando hacia Refugio El Chileno, el tiempo comenzó a mejorar. Ya eran pasadas las cuatro de la tarde y debíamos estar a las 18:30 tomando el bus de acercamiento cerca del Camping Central, para tomar el bus hacia Puerto Natales en Portería Laguna Amarga. Así que decidimos tomarnos las cosas con calma y hacer el último tramo de manera relajada. Esta vez el clima sí nos acompañó, por lo que pudimos tomar más fotos. De lejos, siendo las 6 de la tarde, vimos aparecer las Torres. Después de todo, el guía tenía razón. Bien por él y su grupo.

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Hombre feliz luego de recibir sol y comida.

RECOMENDACIONES

Si bien esta historia no resultó exactamente como hubiéramos querido, algo es seguro: no nos arrepentimos de haberlo hecho. El trayecto que realizamos nos dejó postales mentales que no olvidaremos nunca, y nos permitió conocer más de nosotros mismos y de nuestra relación, que salió más fortalecida.

Eso sí, les dejamos algunas recomendaciones y puntos a tener en cuenta:

– Lleven ropa en capas. Como habrán notado, en un día pueden tener las cuatro estaciones del año, por lo que hay que ir preparados. Pienso que no está de más llevar un chaleco abrigadito guardado en la mochila, por si su ropa se moja y quieren estar un tiempo en el mirador sin pasar frío.

– Una parka lo más resistente al agua posible y buenas zapatillas de trekking son esenciales. Si se compran zapatillas para la ocasión, traten de usarlas antes para que no les hagan heridas en los pies. Las mías no tenían caña y me resultaron perfectas, aunque se recomienda que sí tengan.

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Cual Novicia Rebelde… Todo es bello cuando el clima se compone.

– No olviden ir con una botella de agua por persona. No es necesario transportar más, ya que existen caídas de agua pura que les servirán para rellenarlas.

– Lleven comida en lo posible comprada fuera del parque, ya que adentro es muy cara. Los snack (barritas de cereal, chocolate, etc.) son de gran ayuda, al igual que la fruta (plátano, por ejemplo). Si pueden prepararse un sándwich, genial.

– No lleven mucho peso. Traten en lo posible de dejar lo innecesario en custodia si van solo por el día o en el camping El Chileno si van a hacer la W. Ahí también pueden dejar ropa seca -como calcetines y polera- por si necesitan recambio al regreso.

– Los bastones no son imprescindibles, aunque pueden ser de mucha ayuda. Nosotros, que no tenemos experiencia, pudimos sobrevivir sin ellos.

– Vayan a su propio ritmo. No intenten andar corriendo por la vida, ya que necesitan guardar energía para todo el trayecto.

– Lleven bolsas para la basura. Les servirán para botar todo lo que ya hayan usado sin contaminar y para improvisar capas para la lluvia si no tienen.

– Sigan la señalética y las instrucciones que les den. En los últimos tramos, busquen las marcas rojas pintadas en palos entre las rocas para saber por dónde continuar. De todas formas, al menos en verano siempre van muchas personas en el mismo trayecto por lo que es difícil perderse.

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– Si van por el día, traten de partir desde Camping Central a más tardar a las 8:30 horas, para que tengan tiempo de disfrutar del paisaje y lleguen a tomar su bus de regreso sin problema. El último que parte hacia Puerto Natales desde Portería Laguna Amarga es el de las 19:40 horas. Nosotros tomamos el de las 7pm, que compramos por Internet dos días antes.

– Si llegan en bus hacia portería Laguna Amarga en la mañana, tomen el bus de acercamiento hacia el refugio. Si bien hay que pagar unos CLP$2.500 pesos, ahorrarán tiempo y energías esenciales. Además el paisaje en ese tramo no es muy llamativo.

– Disfruten. Parece obvio, pero a veces se olvida. Disfruten cada centímetro de esta experiencia, ya que es espectacular. Aunque no vean las Torres. VaD.

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